El salón de reuniones estaba casi vacío, iluminado solo por la luz de una lámpara que colgaba del techo. Ragnar, Nolan y Dean estaban reunidos frente a la mesa central, el mapa extendido una vez más, con marcas y anotaciones en tinta roja.
Dean se apoyó en una silla, girándola con desgano.
—Entonces… ¿esto es todo? —preguntó con su tono relajado habitual—. ¿De verdad creen que Bertulf no intentará hacer algo más sucio de lo normal?
—Lo intentará —respondió Nolan sin levantar la vista—, pero no