—No —mascullo, y miro a Nick con rencor—. Y por si te preguntas quién ha hecho un agujero en la puerta de la cocina, no hace falta que busques muy lejos. —Señalo a Nick con la copa—. Y también ha sido él el que ha roto tu copa de vino —añado como la soplona patética que soy.
Nick se lleva las manos a los bolsillos, saca un montón de billetes de veinte dólares y los planta encima de la mesa delante de Lucas.
—Si es más, dímelo —dice sin apartar la vista de mí. Escudriño la mesa. Debe