—Ay, Dios —mascullo.
—¡Addison!
—ruge al tiempo que vuelve a golpear la puerta.
Cruzo a toda prisa el salón para ver a través de la persiana y veo a Nick mirando fijamente hacia la ventana. Está muy agitado. Pero ¿qué le pasa a este hombre?
Puede quedarse ahí fuera toda la noche si quiere porque no pienso abrirle. Colocarme frente a él, cara a cara, sería todo un error. Se lleva el móvil a la oreja y el mío empieza a sonar una vez más. Rechazo la llamada y lo observo mientras mira su teléfono c