—No me lo ha dicho. Sólo me ha preguntado si quería salir con él. —Su móvil suena y se disculpa agitando el aparato.
Centro la atención en mi ordenador y silencio el teléfono cuando empieza a sonar otra vez
Black and Gold.
Lo de estirar la mano y apretar el botón de la izquierda sin ni siquiera mirar se está convirtiendo en un gesto automático. Después de que suene tres veces seguidas, decido silenciar el teléfono del todo. Desde luego, no cabe duda de que es persistente.
—Me voy —a