Entro prácticamente a rastras por la puerta principal, agotada y exhausta. Lucas está en la cocina fumándose un cigarrillo en la ventana.
—Tienes que dejar esa mierda —le digo con desprecio.
No fuma mucho, sólo un par de vez en cuando, pero es un mal hábito de todas formas.
Le da una última calada y lo tira por la ventana antes de bajarse rápidamente de la encimera.
—Me ayuda a pensar —se defiende.
Sí, siempre que lo atrapo fumándose un cigarro a escondidas me viene con el mismo cuento