Sé que dice esto último con sarcasmo. Se trata de otra antigua amante despechada, pero a un nivel completamente diferente. Lo odia. Y, por extensión, a mí también. Esas palabras, junto con la manera en que acaba de girarse para mirar mi vientre, me indican que también odia a las criaturas que llevo en mi seno. Mi miedo acaba de alcanzar niveles desorbitados, y no me cabe ninguna duda de que tanto yo como mis hijos corremos un grave peligro.
Veo que ella se mueve, pero no me doy cuenta de que yo