—Yo no. —Sale y vuelve a entrar hasta el fondo—. ¿Estás escuchando a tu cuerpo, Addison?
—¡Sí! ¡Y me dice que necesito correrme!
Me da una palmada.
—¡No te hagas la lista! —Sale por completo de mí y vuelve a deslizar la polla por mi centro, provocando una fricción tremendamente satisfactoria de su carne contra la mía—. Pues a mí me está diciendo que estoy haciendo un gran trabajo cubriendo tus necesidades. —Está temblando. Lo noto a través de sus brazos y en mis piernas, pero sigue embistiéndom