Me envuelve con sus brazos y me acerca más a su cuerpo.
—¿Cómo ha ido el día?
—Fatal. Quiero ir al Paraíso.
Se ríe y me besa la parte superior de la cabeza.
—Yo estoy en el paraíso siempre que estoy contigo. No necesito una villa.
—Allí estabas más relajado. —Las cosas, como son. Sé que estar de vuelta en la ciudad hará que mi neurótico controlador vuelva poco a poco a aflorar.
—Ahora estoy relajado.
—Sí, porque estoy sentada en tu regazo y me estás cubriendo con el cuerpo —respondo con sarcasm