No puedo evitar propinarle a Nick un codazo en las costillas para exigirle de manera silenciosa que diga algo. Por favor, que diga algo, joder.
Lucas y Samanta ni siquiera se percatan del silencio que los espera al pie de la escalera mientras se toquetean y se besuquean diciendo cosas inapropiadas, incluida en algún momento la palabra «consolador». Quiero morirme, y nadie ha dicho nada todavía, excepto el cachondo de mi hermano y su alegre novia, aunque ellos no se han dado cuenta de nada… aún.