Todos mis pensamientos relacionados con el coche han desaparecido para dejar sitio a la anticipación de lo que vendrá. Está claro que nunca me sacio de él.
Cuando se recompone, me mira y empieza a retirarse lentamente para cargar de nuevo con un fuerte gruñido.
Yo echo la cabeza atrás con un grito.
—¡Mírame! —Su voz es un rugido carnal que no debe ser desobedecido.
Vuelvo a posar la mirada en la suya mientras él se adentra en mí. Jadeo como un perro deshidratado.
—Mucho mejor. ¿Hace fa