—¿Hago que te sientas cómoda, nena? —pregunta con evidente engreimiento mientras se retira a un ritmo constante.
No lo miro. Cierro los ojos y centro la atención en los fuertes latidos de mi sexo. Me exige que lo controle. Me está dominando, y aunque lo hace de una forma lenta y casi sin esfuerzo, está muy dentro de mí y es muy placentero, así que voy a estallar.
—Lo estás haciendo bien, Addison. —Se hunde, menea la cadera y vuelve a salir—. Mi seductora se está volviendo más fuerte. —Entra de