—Buenos días. ¿Qué haces corriendo aquí dentro?
Ya me sé la respuesta y, a juzgar por la sonrisa casi imperceptible que se le dibuja en la cara, él sabe que lo sé.
—Me apetecía cambiar.
Quiero preguntarle más, pero paso del tema. Si el embarazo impide que me saque de la cama al alba para correr por todo Londres, me alegra mucho estar sólo de un mes.
—No recuerdo haberme quedado dormida.
—Te dormiste en seguida. Estabas tumbada encima de mí y ni te moví. Has dormido como un tronco, nena.
Me esti