—¿Te encuentras bien? —le pregunto.
No me esperaba que reaccionara así. Le tiemblan los labios y me mira con sus ojazos oscuros. Se pone en pie de un salto y me toma en brazos. Doy un grito de sorpresa.
—Pero ¿qué te pasa?
Entra en el dormitorio y me deposita, con demasiada delicadeza, en la cama. Me arranca la toalla y se coloca entre mis piernas, con la cabeza sobre mi vientre. Me mira con la mayor expresión de felicidad que he visto nunca. Los ojos le brillan como soles. Tiene el pelo mojado