Tiro de mi pierna, pero es inútil. Está tumbado boca abajo y me toma del tobillo con las dos manos.
Me mira con unos ojos adorables y me pone morritos.
—Hazlo por mí, nena. Por favor. —Me dedica una caída de ojos. Increíble.
Intento no echarme a reír, pero cuando me mira así es imposible.
—¿Al menos te darás la vuelta?
—No. —Salta y se quita la toalla. Su perfección física me noquea como un martillazo—. ¿Te sientes mejor ahora?
Se lleva las manos a la cintura y bajo la vista a su maravilla de a