—¡Joder! —jadeo, y me gano otro azote—. ¡Nick!
Apoyo la frente contra los azulejos y mi aliento empaña de vaho la superficie negra y brillante.
¿Cuánto tiempo se va a pasar así? ¿Cuánto tiempo va a hacerme sufrir? Entonces tira de mis caderas, me arranca las bragas y me la clava. Grito, sorprendida ante la repentina invasión, pero él permanece en silencio, ni siquiera jadea, ni siquiera tiembla un poco. Se aparta despacio y se queda quieto un instante antes de embestirme de nuevo. Se me tensa e