—¡No quiero la puta tostada! —le espeto con brusquedad, y en nuestra mesa todo el mundo deja de cortar, comer y hablar.
—¡Addison, esa boca! —contraataca Nick.
Mi tía y mi tío nos miran alucinados desde el otro lado de la mesa. Yo también estoy alucinada, pero no veo la necesidad de que me obligue a comer, y desde luego no veo por qué Dan tiene que quedarse y complicar una situación que ya es complicada de por sí. ¿A qué está jugando? No soy tan ingenua como para creer que se queda porque