Lo miro y veo su hermoso semblante desfigurado de incredulidad. La verdad es que me da igual. El siguiente, entonces, lo mismo me da. Me encojo de hombros y continúo masticando la tostada.
Frunce el ceño, enojado.
—Nos casaremos el mes que viene —espeta. Toma el tarro de nuevo y mete el dedo con agresividad—. El año que viene... —farfulla sacudiendo la cabeza.
Casi me atraganto con la tostada, y empiezo a masticar frenéticamente para vaciar rápidamente la boca. ¿El mes que viene? ¿Se ha vu