—¡Por favor! —Los ojos se me llenan de lágrimas e intento soltarme. No puedo más.
—¿Comemos juntos? —pregunta con calma sin dejar de hacerme cosquillas.
—¡De ningún modo! —chillo sin poder parar de reír. No es justo, no voy a ceder. ¡No!
—Tal vez tenga mejor suerte con un polvo de entrar en razón. —Me suelta, me relajo e intento controlar mi respiración irregular y angustiada.
—Nick, no puedo estar contigo cada segundo del día —repongo tratando de que me entienda.
—Podrías, si dejaras d