—¿Qué te dije que iba a hacer, Addison? —pregunta con un gruñido mientras me penetra con furia de nuevo.
No puedo hablar. No me queda aire en los pulmones, y él se mete tan adentro que mi cerebro ha entrado en cortocircuito. No es capaz de ningún proceso cognitivo y mucho menos de hablar.
Repite el movimiento que me ha dejado sin sentido.
—¡Contéstame! —ruge, y vuelve a darme un azote en el culo.
—¡Gritar! ¡Dijiste que ibas a hacerme gritar! —Me atraganto con las palabras cuando vuelve a p