Mierda, eso digo yo. Aprieto los labios por temor a echarme a reír y hacerlo enfadar aún más.
—Ay, no. Me va a tener un mes castigada —susurro para que sólo Nina pueda oírme. Mi amiga escupe a diestro y siniestro al intentar contener la risa, y yo no consigo reprimir la mía.
Estamos las dos sentadas en el suelo del bar como un par de hienas borrachas. La cara de Nick se pone más roja a cada segundo que pasa. Nina se ríe todavía más. ¿Por qué mi chico no puede mirarme con cara de desa