Capítulo 61.

Rick inhaló profundamente, obligando a sus pulmones a expandirse para contener la rabia y la impaciencia.

El reproche de Fabiola quedó vibrando en el aire cargado de la biblioteca, pero él no apartó la vista de la señora Lidia.

La mujer mantenía las manos entrelazadas, los nudillos blancos, como si aún sostuviera un rosario invisible.

— Tienes razón, Fabiola. Volvamos al video — dijo Rick, aunque su mente seguía enviando señales de alerta sobre la ausencia de Venus — Señora Lidia, usted mencio
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