Capítulo 087.
El silencio que siguió al infierno dentro de la bóveda fue más aterrador que los propios gritos.
Cuando los alaridos de agonía de Braulio, Noyola y Valesco finalmente cesaron, un chasquido mecánico activó los aspersores del techo. Una lluvia fina y helada comenzó a caer, extinguiendo las llamas residuales y lavando el hollín de las paredes metálicas, permitiendo que los restos carbonizados de los tres hombres fueran perfectamente reconocibles entre el vapor que subía del suelo.
El Oráculo no qu