*—Ezra:
Eran cerca de las once de la mañana cuando finalmente escuchó su nombre.
Ezra se levantó tan rápido que casi tropezó consigo mismo. Su corazón golpeaba violentamente contra su pecho mientras caminaba hacia el mostrador. La joven recepcionista le sonrió amablemente y le entregó unos documentos dentro de un sobre sellado.
—La doctora Emily Pérez lo está esperando en el consultorio —le informó con suavidad antes de indicarle dónde debía ir—. Y… buena suerte.
Ezra tragó saliva, para luego m