Alessandro se quedó estático por un instante, y aquella sensación familiar, casi olvidada, volvió a inundar su corazón. El suave tacto de su piel hizo que su mirada se oscureciera de inmediato.
— ¿Qué te parece? — su voz sonó grave, cargada de una ronquera que reverberó en los oídos de ella.
— ¿Qué dijiste? — Luana replicó de inmediato, negándose a bajar la guardia o dejarse seducir por la presencia magnética del hombre que tenía delante.
— Vamos a tener una conversación seria — declaró Alessan