Alberto estaba extremadamente ansioso al presenciar la escena, pero no había nada que pudiera hacer. Si Luana se iba ahora, el pedido ciertamente no se concretaría.
El Jefe Morales había encargado una cantidad masiva de joyas esta vez, todas piezas de altísima calidad; no podía haber margen para errores.
El problema era que, para garantizar el negocio, Luana tendría que sufrir.
Intentando aliviar la tensión, Alberto se animó y comenzó a conversar con Morales. Como miembro experimentado del depa