Mientras los tres niños discutían fervorosamente el plan de ataque, Luana se acercó rápidamente:— Entonces aquí estaban. Los he estado buscando por siglos.Al escuchar la voz de su madre, los tres cambiaron de postura al instante, volviendo a mostrar rostros inocentes y angelicales.— Mamá, ¿podemos irnos a casa ahora? Tengo mucha hambre — dijo Mia con una vocecita triste, frotándose la barriguita.Luana miró a la pequeña con una expresión de ternura y desamparo: — Listo, todo comprado. ¡Vamos a casa a cenar!— ¡Hurra! — Mia aplaudió alegremente.Al ver la escena, Lucca no pudo evitar provocar:— Mia, eres una niña, deberías cuidarte más. En poco tiempo vas a parecer una bolita, y todos los príncipes de tus cuentos de hadas van a salir corriendo del susto.— ¡Ay, Lucca apestoso! ¡Ya no te hablo más!— Mia giró el rostro, indignada.¡Ella quería comidas deliciosas Y un príncipe encantador, por favor!— Muy bien, vamos rápido, el chofer ya está esperando — insistió Luana.Deseaba deses
Leer más