Aunque la irritación aún burbujeaba bajo la superficie, Luana no intentó huir. Con la resiliencia de siempre, simplemente retomó sus obligaciones. Al verla prepararse para salir, el Viejo Curie, en un reflejo de cautela, señaló discretamente para que uno de los guardaespaldas la siguiera.
Luana estancó el paso, incrédula. —¿No acabas de decir que confiabas en mí? —cuestionó, encarando a su padre—. ¿Cambiaste de idea tan rápido? Esto es casi una afrenta.
El viejo sonrió con torpeza, intentando d