El pánico se instaló en el backstage. Las piernas de Caio flaquearon al avistar el brillo frío del cañón del arma. Tomado por el instinto de supervivencia, intentó usar a quien estaba frente a él como escudo y giró para correr, pero el miedo fue mayor que el equilibrio; tropezó, cayendo de cara al suelo. Mientras intentaba levantarse bajo dolores agudos, percibió la dura realidad: en el caos, nadie se detendría para ayudarlo. Todos corrían lejos, excepto uno.
Lucca avanzaba contra la corriente.