El odio que sentía hacia la familia Veronese era como un veneno destilado durante décadas, alimentado por el rechazo y por una pérdida que nunca llegó a aceptar.
El silencio de su celda fría no lograba intimidar a Vanessa. Al contrario, parecía saborear cada uno de los recuerdos que la habían llevado hasta allí. Para el resto del mundo, no era más que una criminal sin escrúpulos; pero para sí misma, era la mujer a la que el destino había intentado borrar del mapa.
Todo comenzó con una ambición