Los días pasaron demasiado rápido y, pronto, llegó el plazo para el viaje a la ciudad natal de Nora. Aunque el compromiso estaba sellado, Nora no sentía el menor deseo de partir y usaba cada segundo para posponer lo inevitable.
Toc, toc, toc. Los golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos.
—Querida, ¿aún no estás lista? —la voz de Carlo resonó desde el pasillo.
—¡Estaré en un instante! —respondió ella, lanzando una mirada ansiosa al reloj. Si no salía ahora, perderían el horario. Sin s