El silencio que siguió a la ruidosa salida de Mateus trajo consigo una paz que la mansión no había conocido en meses. Luana se acercó a Alessandro, sintiendo el peso de esa nueva libertad. Ahora que el imperio estaba bajo control y las sombras del pasado se habían desvanecido, el camino quedaba libre para lo que ella más deseaba: el futuro de ambos.
—Alessandro, he estado pensando… —empezó ella, sentándose a su lado—. Ahora que ya has regresado, tenemos que decidir algo sobre nuestra boda.
Ales