El amanecer en la mansión Veronese trajo consigo una energía casi palpable. Mientras el sol ascendía por el cielo, Mateus Curie —el hombre que había cargado sobre sus hombros el peso de todo el imperio Veronese durante un año entero— cruzaba el vestíbulo principal, seguido de un pequeño ejército de asesores. Su mirada revelaba la urgencia de quien ya no podía esperar para entregar las responsabilidades del Grupo Amplitude a Alessandro.
—El señor Alessandro todavía no se ha levantado —le advirti