HASSAN AL-ÁSAD
Frotaba mi sien con lentitud, sintiendo cómo el cansancio se iba apoderando de cada uno de mis músculos; lo único que deseaba con toda mi alma era poder cerrar esta puerta de reuniones, dejar atrás a todos estos hombres que se reunían en este salón frío y distante, y poder volver corriendo hacia mi mujer para quedarme a su lado todo el día, sin interrupciones ni obligaciones que me alejaran de ella. Pero las responsabilidades pesaban sobre mis hombros como una carga inmensa, y no