HASSAN AL-ÁSAD
Observo a mi chiquilla con cierta vulnerabilidad en el rostro; sabía que esto le hacía daño, me mataba ser el causante de sus lágrimas, pero me enloquecía saber que ahora era mía, que ahora ella me pertenecía.
Sentir cómo su cuerpo temblaba bajo el mío me tenía al borde de la locura; sentía cómo mi piel y mi cuerpo quemaban por el deseo de sucumbir a mis más bajos instintos. Quería y deseaba poseerla, necesitaba enterrarme en lo más profundo de su ser.
Cierro mis ojos tratando d