HASSAN AL-ÁSAD
Cerré la puerta con extrema suavidad y me quedé un instante apoyado contra la madera, sintiendo cómo el peso de la noche entera se me asentaba en los huesos. Las primeras luces del amanecer se filtraban por los ventanales, pálidas y frías, incapaces de disipar la oscuridad que llevaba dentro. Me alejé despacio, dejando atrás a mi mujer, y supe que tendría que esperar hasta la siguiente noche para volver a estar cerca de ella, en ese silencio que era el único refugio que nos queda