JADE AL-QALA
Reconocía esos pasos: lentos, pesados, cargados de una culpa que casi podía tocarse en el aire. Era Hassan, mi Hassan.
No quería verlo, así que fingía dormir profundamente. Me quedaba inmóvil, cerraba los ojos con fuerza y dejaba que él creyera que dormía, aunque mi corazón latía con tanta fuerza que creía que me iba a explotar.
Sentía cómo se acercaba despacio hasta quedar justo al lado de mi cama. Percibía su respiración cerca, agitada y corta, y su mirada fija en mí, llena de un