HASSAN AL-ÁSAD
Me quedé apoyado contra la puerta durante largo rato, con los ojos cerrados, intentando contener el nudo que me apretaba la garganta hasta doler. El silencio del palacio, que antes me parecía símbolo de poder y paz, ahora me resultaba ensordecedor. Cada rincón guardaba un recuerdo: las risas que imaginábamos, los pasos pequeños que nunca se escucharían, la voz que nunca nos llamaría.
Caminé despacio por el pasillo, pero mis pies me llevaron sin querer de nuevo hasta aquella puert