HASSAN AL-ÁSAD
Sus dedos buscaron el cinturón que ceñía mis pantalones. Su toque era como un fuego que se extendía por mi piel descubierta. Despacio, con una delicadeza que me erizó cada centímetro de mi cuerpo, desabrochó el cierre, y luego, con la misma lentitud sensual, comenzó a deshacer el nudo. Mis manos se posaron con suavidad en sus hombros, acariciando la piel que asomaba bajo el camisón. Su mirada, fija siempre en mis ojos, no mostraba más que decisión y un deseo puro, sin artificios