HASSAN AL-ÁSAD
De pronto, alzar la vista a mi alrededor fue como recibir un golpe en el pecho, pero un golpe que despertó todo lo que llevaba dormido en mí. La sorpresa, mezclada con un asombro inmenso, inundó cada rincón de mi ser al descubrir lo que tenía ante mis ojos: cientos de lienzos, grandes y pequeños, apilados con cuidado, apoyados contra las paredes, descansando sobre caballetes, llenando cada espacio de esta habitación que yo creía llena solo de silencio y soledad. Eran las pinturas