HASSAN AL-ÁSAD
El aire aún me quemaba en los pulmones, y el eco de los gritos, de la violencia y del caos, todavía resonaba en mi cabeza mientras caminaba lejos del taller, escoltando a mi Sultana con el alma en un hilo. Cada paso que daba junto a ella era una lucha interna: por un lado, quería abrazarla con tanta fuerza que la protegiera del mundo entero, y por el otro, temía que incluso mi propio tacto pudiera dañarla, o perturbar la paz que tan difícilmente estaba construyendo entre nosotro