HASSAN AL-ÁSAD
Más tarde, reunido con mi consejo en la sala de gobierno, el tema no tardó en salir a la luz. Todos allí, hombres sabios, de edad madura y arraigados en las viejas costumbres, bajaban la cabeza con respeto, pero sus miradas revelaban la inquietud que llevaban tiempo callando.
—Señor —empezó el más anciano de todos, el visir, con voz mesurada y cuidadosa—. Todos admiramos a la Sultana. Su inteligencia, su gracia, su forma de gobernar y de tratar a la gente... nadie duda de su val