HASSAN AL-ÁSAD
Pero en medio de esta tormenta, de este infierno en el que vivía había un poco de luz y consuelo a mi existencia, algo que atesoraba con todo mi corazón y eso era que cada noche, sin falta, encontraba la excusa perfecta para poder acercarme a ella, cada noche iba a su habitación. Era por nuestro hijo. Era una necesidad imperiosa que me carcomía. Tocaba a su puerta con suavidad, esperando su permiso. A veces, Amina me abría; otras, ella misma, con una expresión cansada que nunca