HASSAN AL-ÁSAD
Mis palabras, "Como tú digas, Hayati," resonaron en el silencio de la habitación, una mezcla de dolor, esperanza y una promesa tácita de la lucha que me esperaba. Verla asentir, aunque su mirada aún mantuviera una distancia infranqueable, era el único rayo de luz que había recibido en días. Mi corazón, que se había hinchado de alegría con la noticia de nuestro hijo, ahora se contraía ante la realidad de la separación que ella imponía. Pero lo aceptaba. Aceptaba cada una de sus co