HASSAN AL-ÁSAD
Pasan los segundos; el Imán vuelve a preguntar.
—Señorita al-Qala, le vuelvo a preguntar, ¿acepta como su esposo y su rey a Hassan al-Ásad para amarlo y respetarlo bajo la palabra y la ley de Allah? —Cuando pienso que ya no aceptará, escucho su vocecita.
—Acepto. —Ella me mira a los ojos y aprieta mis manos—. Acepto ser tu esposa, Hassan al-Ásad, acepto amarte y respetarte cada día de mi vida, siempre y cuando tú me ames y me respetes como a tu igual; nunca esperaré menos de ti.