HASSAN AL-ÁSAD
Bailamos por demasiado tiempo hasta que observo que ella ya está cansada, y si seguimos bailando, ya no podré darle la sorpresa que tengo para ella.
—Vamos, Rohi —susurro tomándola de la mano y sentándonos en la mesa que está perfectamente arreglada para nosotros.
En la mesa se encuentra un enorme banquete que fue especialmente preparado para nosotros y los invitados.
—No tengo apetito —susurra mi chiquilla.
—¿No quieres comer algo, Rohi? —pregunto y ella niega, y observo có