Elena
—No voy.
—Vas.
—No voy.
—Elena.
—Arthur.
Suspiró. Se pasó la mano por el rostro. Su paciencia estaba al límite. Llevábamos veinte minutos discutiendo en medio de mi habitación, yo sentada en la cama con las piernas cruzadas, él de pie frente a mí con los brazos cruzados.
—Es solo una cena.
—No es "solo una cena". Es una cena. En un restaurante. Con otras personas. Mirándonos.
—¿Y qué?
—¿Y qué? Que soy tu niñera, Arthur. La gente va a hablar.
—La gente ya habla.
—Peor.
Se arrodilló frente