Elena
Mi cuerpo se pegó al suyo. El delantal áspero. La piel caliente. El olor a comida y a hombre.
—Buenos días —dijo él, sus labios a centímetros de los míos.
—Ya dijiste eso.
—Lo sé. Pero quería decirlo otra vez. De cerca.
—Entonces dilo.
Lo dijo. Con la boca. Pegada a la mía. El beso fue lento, rico, prolongado. La lengua paseándose, pidiendo permiso, tomando posesión. Mis manos subieron por su pecho, por sus hombros anchos, por su nuca. Mis dedos se enredaron en su cabello.
—La casa está v