Elena
Bailamos. Él pegado a mí. Sus manos bajando. Subiendo.
—¿Quieres subir? —preguntó, sus ojos en mi escote.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no quiero.
—¿Tienes miedo?
—Estoy aburrida.
Apretó mi cintura. Pegó mi cuerpo contra el suyo.
—Eres complicada.
—Eres predecible.
—Yo puedo darte placer.
—Lo dudo.
Me besó. No esperó respuesta. Su boca se pegó a la mía. Forzada. Mojada. Torpe.
Empujé.
—No.
—Vamos...
—Dije NO.
Agarró mi brazo. Demasiado fuerte.
—No hace falta que seas grosera.
—Suelta mi brazo.