Elena
Lo primero que sentí fue el olor.
No era mi olor. No era el jabón barato del baño del pasillo, ni el suavizante de supermercado que Jussara usaba en la ropa. Era... madera. Mar. Hombre. Abrí los ojos despacio, la luz de la mañana entrando por las rendijas de la cortina pesada. El techo era diferente. Más alto. Más oscuro. La cama era enorme. Las sábanas eran blancas, suaves, olían a él.
Mi corazón se disparó.
Estaba en su habitación. En la habitación de Arthur.
No recordaba cómo había ido