Elena
En la habitación de los niños, a la hora de dormir, Léo me llamó.
—¿Tía Elena?
—Dime.
—La abuela dijo que usted es buena.
—¿Sí?
—Lo dijo. A papá. Dijo: "Ella es buena. No la dejes irse".
—¿Y papá?
—Él dijo: "No la voy a dejar".
—¿Dijo eso?
—Lo dijo. Lo juro por mi colección de dinosaurios.
Besé su frente.
—Duerme, amor.
—¿Usted se va a quedar?
—Me voy a quedar.
—¿Siempre?
—Por mucho tiempo.
Sonrió. Cerró los ojos.
Bajé las escaleras.
Él estaba en el pasillo.
—Necesitamos hablar —voz fría.